La medicación.

 

La medicación, en concreto la inmunosupresora, es sin duda un factor clave en el éxito del trasplante y su posterior conservación. Aunque ya en el preoperatorio, se administran fármacos inmunosupresores que preparan al organismo para recibir un órgano “no propio”, después de la intervención se continúa con la administración de este tipo de medicamentos para evitar el rechazo; debiéndose concienciar el paciente de que se trata de medicamentos que se tomarán diariamente y de por vida mientras tenga un riñón trasplantado.

El límite entre el indudable beneficio de estos medicamentos y sus efectos negativos es muy estrecho, y por lo tanto la dosis de los mismos debe ser estrictamente controlada por el médico. Estas dosis que se administran, aunque inicialmente son elevadas, con el paso del tiempo se van ajustando progresivamente en función de la respuesta de cada paciente.

Los principales medicamentos que se le administran a un paciente trasplantados los llamados inmunosupresores o inmunodepresores. Hay varios tipos de inmunosupresores que tienen diferentes formas de actuar; a continuación vamos a nombrar algunos de ellos describiendo muy brevemente su función y alguna de sus características.

 

· AZATIOPRINA (Imurel): Actúa impidiendo la formación de células de rechazo. Se utiliza asociada a la prednisona y a la ciclosporina para disminuir la capacidad de respuesta inmune del organismo. Su efecto tóxico más importante es que puede disminuir la formación de glóbulos rojos, blancos y plaquetas.

 

· MOFETIL MICOFENOLATO (Cell-Cept): Sus efectos previenen las reacciones del rechazo agudo al combinarse con el tacrolimus o la ciclosporina. Puede utilizarse en lugar de la azatioprina. Su ventaja es la ausencia de toxicidad renal aunque como efectos secundarios puede producir disminución de los glóbulos rojos, blancos y plaquetas. Además reduce la capacidad de defensa del organismo frente a los rayos UV de la luz solar, por lo que es necesario restringir periodos de larga o intensa exposición, así como utilizar cremas solares de factor protector alto y ropa adecuada. En ocasiones pueden aparecer trastornos digestivos como vómitos y diarreas.

 

· CORTICOIDES (Prednisona): Son muy usados para tratar los episodios del rechazo agudo, y en la terapéutica del mantenimiento, ya que poseen una potente acción antiinflamatoria. Se comienza con dosis altas y se van bajando gradualmente hasta quedar con dosis de mantenimiento muy pequeñas o hasta su supresión. Como efectos secundarios pueden producir diabetes, retrasan la cicatrización de heridas, pueden estimular significativamente el apetito, favoreciendo la obesidad, producen acné y es típico, en algunos casos, una mayor pronunciación de los pómulos, lo que da a la cara un aspecto especial llamado de “luna llena”; sin embargo, con las dosis usadas actualmente sus efectos indeseables han disminuido de forma significativa. Es recomendable tomarlos acompañados de algún alimento para evitar molestias de estomago.

 

· CICLOSPORINA (Sandimmun Neoral): Su introducción ha marcado una nueva etapa así como un avance fundamental en el trasplante renal. Con el uso de este nuevo fármaco se ha podido trasplantar con éxito pacientes que antes eran considerados de alto riesgo, como por ejemplo los hiperesensibilizados, los mayores de 60 años, los diabéticos, etc.

· Actualmente es uno de los inmunosupresores más utilizados para evitar el rechazo, siendo el primer fármaco con un mecanismo de acción específico. Se administra por vía endovenosa cuando el paciente todavía no puede ingerir nada por boca. Luego se administra por vía oral para lo cual se dispone de solución bebible y cápsulas.

· Como efectos no deseables se pueden presentar la sensación de quemazón en los dedos de las manos y los pies, temblores en las manos, pérdida de apetito, aumento de vello, especialmente en la cara, espalda y brazos. También puede producirse la llamada hipertrofia gingival, que consiste en una inflamación de las encías. La mala higiene de los dientes favorece su desarrollo.

· Como limitación principal tiene que niveles altos de esta sustancia en sangre producen una toxicidad que puede afectar al riñón trasplantado. Su control se efectúa mediante análisis de sangre y en base a los resultados el médico modifica la dosis. Las dosis son específicas para cada paciente.

 

· TACROLIMUS (Prograf): este es un fármaco inmunosupresor de reciente introducción, con mayor capacidad inmunosupresora que la ciclosporina. Tiene un mecanismo de acción común con la ciclosporina, por lo cual nunca deben asociarse. Controla mejor los niveles de colesterol al mismo tiempo que induce menos hipertensión arterial. Por el contrario, como efectos secundarios destacan el mayor riesgo de infecciones, molestias gastrointestinales, toxicidad renal o algunas alteraciones de la glucemia.

 

· RAPAMICINA (Sirolimus): Es un nuevo fármaco en fase de investigación, que presenta un potencial inmunosupresor similar a la ciclosporina, pero con la ventaja de que no tiene efectos tóxicos para el riñón. Por el contrario, produce aumentos tanto de los niveles de colesterol como de los triglicéridos.

· Otros, como la Globulina o los Anticuerpos monoclonales, que actúan destruyendo células que atacan directamente al injerto (linfocitos del tipo “T”), se usan en casos muy específicos de episodios agudos de rechazo.

· Como se puede observar, todos estos medicamentos presentan una secuencia de efectos secundarios por su toxicidad específica sobre determinados órganos, además de incrementar el riesgo de infecciones al disminuir los mecanismos de defensa. La combinación de algunos medicamentos y la disminución o el mayor ajuste de las dosis ayuda a controlar algunos de estos efectos negativos.

· No obstante, aunque los nuevos fármacos inmunosupresores tienden a provocar cada vez menos efectos indeseables, esto aún es bastante difícil de conseguir en su totalidad, por lo que los pacientes trasplantados, además de estos medicamentos que constituyen el tratamiento general, en determinadas ocasiones reciben otra medicación paralela de forma continuada, con objeto de tratar o prevenir algunos de los efectos secundarios producidos por los inmunosupresores.

· Estos medicamentos, que en muchos casos actúan de forma preventiva o profiláctica, suelen ser:  Antibióticos.  Analgésicos.  Protectores gástricos.  Reguladores de la tensión arterial.

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