Disminuir el consumo de grasas saturadas (cerdo, embutidos, tocino, mantequilla, quesos grasos, nata…). Incrementar el consumo de grasas no saturadas (pollo, pescado azul, aceite de oliva…etc).

 

Reducir al mínimo el consumo de alimentos ricos en colesterol (yema de huevo, menudillos, crustáceos y productos de pastelería).

 

Consumir alimentos que aporten fibra dietética, como pan integral, verduras, frutas y legumbres.

 

Incluir una cantidad suficiente de leche y derivados (yogur, queso no graso), para aportar la cantidad de calcio que diariamente el cuerpo necesita. La leche y los yogures mejor si son desnatados ya que conservan todas sus vitaminas y proteínas, evitando el exceso de grasas.

 

Evitar los alimentos picantes o los muy condimentados.  Evitar el abuso del azúcar y derivados (pastelería).

 

Disminuir o evitar, si se es hipertenso, la ingesta de sal y alimentos ya preparados que la contengan. La restricción de sal ayuda a controlar la hipertensión arterial y la retención de líquidos.

 

Abstenerse de tomar bebidas alcohólicas o hacerlo muy moderadamente.

 

Masticar bien la comida haciéndolo lentamente, procurando utilizar ambos carrillos.

 

Llevar una exigente higiene bucal, con cepillado de dientes y encías dos o tres veces al día (siempre desde la encía hasta el borde del diente), especialmente antes de acostarse, usando un cepillo de cerdas suaves y siempre con carácter individual. Es recomendable el uso de seda dental y cepillos interdentales y el cambio frecuente de cepillo dental.  Si salen lesiones en la boca conviene no tocarlas y comunicarlo al médico para que dé el tratamiento adecuado.

 

Intentar hacer de vientre todos los días sentándonos en la taza del retrete a la misma hora, aunque no sintamos ganas, para conseguir un adecuado reflejo intestinal.

 

Comunicar al médico si se tiene sensación de acidez de estómago. A veces los medicamentos que tomamos nos producen sensaciones de acidez o malestar en el estómago que no debemos aguantar ya que nos podrían producir ulceras en nuestro aparato digestivo.

 

Reducir la exposición al sol, ya que la persona trasplantada es más sensible a las agresiones de los rayos ultravioletas (quemaduras, envejecimiento precoz de la piel, verrugas, cáncer de piel…). Es recomendable usar sombrero y ropa que nos cubra la cara, los brazos y las piernas.

 

Aplicar un protector solar de buena calidad (con un FPS no menor de 15) en toda la superficie que expongamos al sol, tanto en invierno como en verano, al menos 30 minutos antes de la exposición al sol, y después regularmente mientras se permanezca bajo sus efectos. No olvidar que la piel de los ojos, nariz y labios requieren mayor protección.

En verano, además deberemos tomar un poco el sol, pero solamente en horas bajas del mismo (a primera hora de la mañana y a última de la tarde), porque en este momento cuando la radiación ultravioleta es menor.

 

Mantener la piel bien hidratada. Después de cada ducha, frotar con una buena crema hidratante todo el cuerpo.

 

Evitar actividades que puedan lesionar la piel. Si no pueden evitarse, protegernos con guantes, pantalones largos…

Algunas medicaciones provocan acné. El jabón de coco es muy adecuado si existe. No deben usarse ni cremas ni lociones.

La cortisona hace que los cabellos se debiliten y se caigan con más frecuencia, para ello es mejor evitar los tintes y permanentes en los primeros meses del trasplante.

 

Si aparece alguna lesión cutánea deberemos consultar a nuestro especialista. También es aconsejable un control anual del estado de nuestra piel en un Servicio de Dermatología.

 

Acudir al oftalmólogo periódicamente para medir la tensión ocular (ya que al no dar síntomas suele pasar desapercibida) y controlar la posible anticipación de la presencia de cataratas.

 

 

 Medidas en relación a la vida familiar y a la sexualidad:

En los momentos iníciales del trasplante es conveniente no estar en contacto con niños ni recibir muchas visitas.  Evitar a aquellas personas con enfermedades infecciosas transmisibles, evitando realizar obras en casa durante el primer año.

Con el trasplante las mujeres suelen recobrar la menstruación y la fertilidad. Por ello, se recomienda el uso de medidas de contracepción, amenos durante un año (el preservativo es el medio menos perjudicial; el DIU y el píldora no son recomendables en mujeres trasplantadas), ya que la fuerte inmunosupresión recibida podría causar alteraciones fetales. A partir del primer año, si el trasplantado es hombre se puede valorar el embarazo de su pareja; si es mujer en algunos casos se desaconsejará totalmente y en otros se podrá asumir con determinados riesgos. Todas las mujeres trasplantadas llevarán un control ginecológico anual.

En relación a otros hábitos.

No fumar. Hay que insistir en los daños que produce el tabaco. Además de la irritación de la mucosa que provoca, de las infecciones más frecuentes contra las cuales el paciente está mal defendido, puede producir un aumento de la frecuencia del cáncer de pulmón y de las enfermedades cardíacas, como la angina de pecho o el infarto de miocardio. Además el paciente puede tener otros factores que también producen daño vascular, como son la hipertensión, el estrés y alguna de las medicaciones que son imprescindibles para evitar el rechazo.

No consumir bebidas alcohólicas. Dormir / Descansar 8 horas al día. Mantener una actitud positiva.

Por último, señalar que algunos animales de compañía pueden ser portadores de infecciones. Se deben evitar pájaros, gatos, ratones, tortugas… Los perros, siempre que estén vacunados, pueden permitirse, aunque se deberán evitar lamidos y habrá que lavarse las manos siempre después de tocarlos.

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